3 jul. 2011

Indeseables

Sí, soy monotemático. Sólo sé hablar de correr. Como ya escribí, estoy más enganchado a mis zapatillas que Robocop a las pilas alkalinas.

Pues bien, en mis andanzas por caminos, carreteras y carreras varias me he encontrado con muchos indeseables. Decenas, cientos, miles... ¡millones¡ Ya lo dijo Einstein... Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Del Universo no puedo decir nada sin consultarlo con Punset. En cuanto a la estupidez humana os daré mi top cinco de los elementos y elementas más indeseables que me he encontrado en mis entrenamientos y carreras:

  1. Familias que ocupan todo el camino
    Da igual el ancho de la vía: un metro, dos, diez... siempre te encuentras al típico grupito de abuelos, padres, tíos, niños y niñas que ocupan toooooooodo el ancho de la vía por la que corres. Y si no, siempre nos quedarán diez o doce chabales y chabalas camino de su botellón. Pero si yo ocupo poco... ¡Abrid hueco, copón¡
  2. Fumadores que esperan a que pases para echar el humo
    Cruyff decía que el mejor cigarro era el del descanso, pero él elegía fumárselo. Yo no soy el típico talibán antitabaco, pero a cada capullo o pedorra que me echan el humo mientras corro se merece que le inserten su cigarro por el orto (y me acuerdo de EJECUTOR en este momento)
  3. Los del perro con la cuerda kilométrica
    Si yo quisiera saltar, haría 3000 obstáculos y no carreras populares. Si tiene usted un perro, llévelo atado y cerca de usted y no a 20 metros de distancia sin hacerle caso.
  4. Ancianas, cojos y caracoles que cruzan la calle en plena carrera
    Me faltan las palabras, no sé qué decir acerca de estos especímenes. Es más extraño no encontrarse un cojo cruzando Serrano en la San Silvestre que ver a Rouco Varela en una carroza del orgullo gay (y no vale decir que Paco Clavel y él son la misma persona).
  5. Voceras, pregineros y charlatanes
    Te amargan las carreras. Desde que dan la salida hasta que cruzan la meta se hacen el gracioso, dan voces, se gritan los unos a los otros... Tienen una colleja de libro (y me vuelvo a acordar de EJECUTOR)

Y ya me callo. Saludy rocanrol.

2 abr. 2011

La caña de España

Lo reconozco. Llevo casi tres años enganchado. No puedo vivir sin mi dosis semanal. ¡Y me alegro!


Un día, alguien me dijo 'No tienes huevos a correr una San Silvestre'. Y, efectivamente, no los tuve. Y así un año, y otro año. Y al tercero, me puse el traje de machito español y dije '¿Que no?'. Me compré unas zapatillas y unas mallas en el Decathlon y hasta hoy: enganchado a correr como los jonkies de mi barrio.


En unas 18 horas voy a correr mi primer medio maratón. Bueno, a intentarlo... porque nunca he corrido tanta distancia. He hecho diez o doce carreras de 10 kms en las cuales he disfrutado como un chiquillo con un bote de nocilla.


El caso es que lo tengo ya todo preparado: la camiseta, las mallas, la vaselina, los calcetines, los gayumbos, las uñas de los pies cortadas, el dorsal y el cinturón... Y como siempre, me faltan los imperdibles para el dorsal. Pero si son impredibles, ¿porqué nunca los encuentro cuando los necesito? ¿Quién los llamó así? Todas la carreras, lo mismo.


EJECUTOR dame fuerzas, ánimo y paciencia. La voy a naecesitar.


Salud y rocanrol.

20 mar. 2011

Aeropuertos II

Sigo pensando que uno de estos días a alguien le va a dar un chungo en un aeropuerto mientras factura una maleta o le hacen desnudarse.


Mi última experiencia ha vuelto a ser denigrante. En Barajas dos horas y media antes de la salida para viajar a Nueva York. Pasamos el filtro de preguntas para tontos: que si la maleta, que si te han dado algo, que si la has perdido de vista, que si eres de al-qaeda... Todo no. Una maleta de 25 kgs para dos personas. Error: sólo se admiten maletas de 23 kgs o menos por persona y su peso no es divisible entre los viajeros. Es así y no hay más que hablar. No volverá a ocurrir. Sacamos unos libros y unos zapatos. Voy a una báscula auxiliar con la maleta y da 23 kgs clavaos. Volvemos a facturar y en el mostrador da 20 kgs. Busco una cámara oculta por si se están riendo de mí. Intentamos meter alguna cosilla de última hora pero la azafata no nos deja. Me quedo con su cara pero la sonrío. Estamos a dos horas de embarcar y han cerrado el pasaje. ¿Para qué tanta prisa? Me caen mal.


Ahora toca pasar el control de metales, explosivos y pasaportes. Hay que sacar los portátiles, quitarse el cinturón y los zapatos, las gafas de sol, las monedas... Al final paso con el reloj puesto sin darme cuenta y el detector ni se entera. Tenemos más de una hora hasta la apertura de puertas. A desayunar.


Dos bollos, dos zumos y un café: 12 euros. Bufffffffffffffff. Nervios. Todo el mundo me cae mal, muy mal. Vamos a comprar una mochila para meter lo que hemos sacado de la maleta. 25 euros la más barata. Bufffffffffffffff. Se atasca la máquina registradora. Bufffffffffffff. Vámonos para la puerta de embarque y sentémonos tranquilos.


Despegamos. El avión muy nuevo no es. A las 11:30 nos dan pollo con arroz al curry. Es muy pronto para comer, pero bueno. La temperatura baja drásticamente. Veo pasar un pingüino con bufanda y guantes. Las pelis son... no tengo palabras: Las Crónicas de Narnja, El Equipo A...


A las 15:30 la merienda. Pizza de rúcola y helado. Odio la puñetera rúcola desde que la conocí. Es más, si decidiera suicidarme, lo haría tomando kilos de rúcola.


Llegamos a Nueva York. El paso de la aduana es aún más denigrante. Me toman las huellas de ambas manos y una foto. El guardia me pregunta cosas en un inglés muy raro y habla muy bajito. Vuelvo a sonreír. Volvemos a pasar por detectores de cosas. Esta vez paso con el reloj en la muñeca y unos cascos en el bolsillo.


Tenemos una hora hasta nuestro vuelo hacia San Francisco. ¿Un café? Bufffffffff. Café americano aka aguachirri, 3 dólares. La gente flipa delante de los televisores con el terremoto de Japón, las centrales nucleares, los discursos de Gadafi... Menos mal que no está puesta la Fox; si no, estaríamos hablando de suicidios masivos por la llegada del fin del mundo.


Segundo vuelo o el descojone padre. En los vuelos nacionales americanos cada uno va a su bola: suben al avión maletas del tamaño de un armario de tres cuerpos, las ponen donde quieren y a golpes porque no entran, no hacen ni puñetero caso al personal de vuelo, hablan por el móvil hasta casi el mismo momento de despegar...


No nos dan nada de comer. En cinco horas como 20 cacahuetes y bebo un vaso de agua y un zumo. No ponen películas; lo único gratis es la música y echarse un trivial. Las turbulencias se hacen con el avión. Medio pasaje se levanta. El capitán llama a la cordura para que todo el mundo se siente. Les falta escojonarse en su cara. El capitan insiste. La cola para ir al baño crece. El capitan grita: ¡se sienten, coño! Delante de mí, un chino se parte de risa, el mismo chino que intentaba meter a golpes un bolso entre el botiquín y los extintores, y el mismo chino que sonreía a la azafata que intentaba decirle que no lo hiciera...


Si no fuera por estos momentos...


EJECUTOR, esta vez con que arrases todas las plantaciones de rúcola del mundo me doy por satisfecho.


Salud y rocanrol.